En FOCO : El trabajo que transforma y cuida la Casa Común

 


La raíz humana de la crisis ecológica


En FOCO 

El trabajo que transforma y cuida la Casa Común

El Papa Francisco, en sus encíclicas, nos invita una y otra vez a mirar y vivir el Evangelio. En Laudato Si’, nos habla no solo a quienes creemos en Jesús, Hijo de Dios, y elegimos seguirlo como modo de vida, sino que logra atravesar muros y dialogar también con quienes, desde otros lugares, reconocen en la maravilla de la naturaleza y de la humanidad algo trascendental: algo que nos impulsa a amar, crear y cuidar.

El capítulo 3 de Laudato Si’ nos propone una verdadera conversión cultural. Nos llama a transformar no solo nuestras acciones individuales, sino también el modo en que pensamos la naturaleza, la tecnología, el trabajo y la economía. 

El trabajo es una forma de relacionarnos: con los otros, con nosotros mismos y con el entorno. Es una oportunidad de creación y de transformación. A lo largo de la historia, esa capacidad ha generado tanto belleza como daño. Pero hoy prefiero no quedarme en la denuncia, sino detenerme en la potencia reparadora del trabajo, en cómo puede sanar vidas, reconstruir dignidades y recomponer vínculos.

A lo largo de estos años acompañando cooperativas, emprendimientos y comunidades, he sido testigo de esa reconstrucción: personas que recuperan su historia, familias que vuelven a soñar, barrios que se reencuentran. Todo esto nos confirma que nuestros modos de producir pueden ser más creadores y transformadores que destructores.

En la encíclica en el número 127 nos dice: 

“El trabajo debería ser el ámbito de este múltiple desarrollo personal, donde se ponen en juego muchas dimensiones de la vida: la creatividad, la proyección del futuro, el desarrollo de capacidades, el ejercicio de los valores, la comunicación con los demás, una actitud de adoración. Por eso, en la actual realidad social mundial, más allá de los intereses limitados de las empresas y de una cuestionable racionalidad económica, es necesario que «se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de todos».

Ese acceso al trabajo debemos construirlo tendiendo puentes, generando oportunidades y, sobre todo, reconociendo en cada persona su capacidad de crear, transformar y cuidar. Porque, como dice el número 128:

“El trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal”. 

El trabajo, entonces, no solo produce bienes: recrea vínculos, dignifica la existencia y restaura nuestra Casa Común.

 

Reflexión de Gabriela Blanco - Miembro del Equipo Nacional de Cáritas Argentina.











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